sábado, 26 de octubre de 2013

¿Somos cobardes o sólo estamos asustados?


             Es verdad que, de la noche a la mañana, nos hemos quedado sin mundo bajo los pies. Es verdad que todo lo que considerábamos sólido se ha vuelto líquido y lo que creíamos tener, nos tiene a nosotros, empezando por nuestras casas. También es cierto que alguien que descubre que ha sido engañado se vuelve inseguro y sospecha de sí mismo, quizá se culpa de su ingenuidad o se pregunta por qué no vio venir el golpe y cómo es posible que olvidara ese proverbio árabe que dice: cuando el león te enseñe los dientes, no vayas a creer que te sonríe.
                 Pero nadie ha llegado a ningún sitio escondiéndose, ni las peleas las ganan los que huyen. Entonces, ¿por qué en estos tiempos sin salida tanta gente se deja avasallar sin oponer demasiada resistencia? ¿Por temor, por fatalismo o, más grave todavía, por simple desinterés? ¿Es que los golpes que reciben no van con ellos? ¿Por qué muchas veces unos cuantos nos quedamos casi solos a la hora de defender a tantas personas atacadas sin piedad por este capitalismo feroz que ya no las considera mano de obra sino bestias de carga? ¿Por qué el otro día, por ejemplo, fui a Albacete, a la Universidad de Castilla-La Mancha, a apoyar un acto en defensa de la Educación pública y en el Aula Magna casi todos los presentes eran profesores, pero había tan pocos alumnos? ¿Por qué hoy el Auditorio Marcelino Camacho no estaba abarrotado para oír los poemas y prosas que leíamos unos cuantos escritores contra el desmantelamiento de la Sanidad madrileña? Es sorprendente ir a sitios a luchar por los derechos de personas que no se presentan a la cita, que le dan la espalda no a ti sino al peligro que los acecha, que parecen delegar en otros, tener cosas más importantes que hacer que impedir que los destruyan. Parece que la palabra que lo explica todo es “anestesia.” ¿Qué nos pasa? ¿Es que vuelve a ser verdad aquella frase escalofriante que escribió Unamuno en una carta enviada desde su exilio en Hendaya: ‘La muerte civil cae [sobre España] con el silencio de una nevada.'?  ¿Nos damos por vencidos? ¿Somos cobardes o sólo estamos asustados?
                         Ayer, los periódicos volvían a hablar, en una de sus dos mitades, de las ganancias que han tenido los bancos de nuestro país en estos últimos meses y en la otra recordaban que el crédito sigue sin llegar a los ciudadanos. La realidad ha sido cortada en dos a cuchillo. Todo el mundo lo ha visto esta misma semana: mientras unas noticias decían que el número de millonarios en España ha aumentado un trece por ciento durante la crisis, otras seguían hablando de miles de despidos, de empresas y comercios cerrados. A un lado, se publicaban las cifras azules de la Bolsa y el Ibex 35 y al otro las que informaban de nuevos recortes, más expedientes de regulación, más factorías en peligro de quiebra, empleos cada vez más precarios... Unas páginas se alegraban de la llegada de inversores extranjeros y otras volvían a recordar que muchos compatriotas tienen que emigrar  para sobrevivir. ¿Alguien no se da cuenta de lo que sucede? ¿Alguien no ha comprendido que ellos no van a parar hasta que nosotros los detengamos? Puede que sí y puede que no. Pero yo quisiera saber si vamos a seguir dejando abiertas nuestras puertas o vamos a derribar las suyas. ¿Somos cobardes o sólo estamos asustados?



13 comentarios:

Mª José Salvador dijo...

Es un poco de todo Benja, y también los que luchamos caemos en el desánimo.
Esta semana , el día anterior a la huelga , el AMPA de mi centro mandaba una circular comunicando que sus actividades se desarrollarían con toda normalidad.
Hemos estado anestesiados durante años , alimentando un feroz individualismo.
Un beso

Mª José Salvador dijo...

Es un poco de todo Benja, y también los que luchamos caemos en el desánimo.
Esta semana , el día anterior a la huelga , el AMPA de mi centro mandaba una circular comunicando que sus actividades se desarrollarían con toda normalidad.
Hemos estado anestesiados durante años , alimentando un feroz individualismo.
Un beso

Benjamín Prado dijo...

Así es, María José, pero en todo caso se puede entender que los que luchan se cansen, pero no la apatía de aquellos por quiénes luchas. Eso me sorprende de verdad.

Benjamín Prado dijo...

Así es, María José, pero en todo caso se puede entender que los que luchan se cansen, pero no la apatía de aquellos por quiénes luchas. Eso me sorprende de verdad.

Benjamín Prado dijo...

Una frase escalofriante que escribió Unamuno en una carta enviada desde su exilio en Hendaya: ‘La muerte civil cae [sobre España] con el silencio de una nevada.'

Reve Llyn dijo...

No es que seamos cobardes (no tanto al menos como para no luchar),
no es que estemos asustados (no tanto al menos como para no reaccionar),
lo que nos pasa es mucho peor:
ya no nos creemos que lo que hagamos cambiará las cosas.

Y esto...esto era lo único que nos quedaba.

Benjamín Prado dijo...

Uffff, Reve... Ojalá no tuvieses razón...

Reve Llyn dijo...

jajaja...Lo haremos: abriremos nuestras puertas y derribaremos las suyas, que conste que yo soy una optimista genética que confía ciegamente en el género humano...¡pero es que quedan* tan pocos! (humanos quiero decir)

* ¿Sonaría pretencioso decir "quedamos"?

Enrique Quintanilla dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
PAT dijo...

Hay tanta gente adormecida, anestesiada a mi alrededor. A mí me desespera verlo entre mis compañeras, entre mis vecinas. Pero en definitiva, ese alienamiento es lo que persiguen los poderosos, esa tan traída "mayoría silenciosa" que pone el culo en pompa para recibir patadas de recortes de derechos una y otra vez como si fueran palmaditas. Y ni se inmutan. Ni se cuestionan nada, ni siquiera se plantean que otra forma de gobernar y de hacer sociedad común es posible.

Benjamín Prado dijo...

Es cierto. Y la verdad es que a veces ya no sabe uno qué más ruido puede hacer para que otros se despierten... Tengo que reconocer que en ocasiones dudo si estaré perdiendo el tiempo. Pero no dura mucho, un abrir y cerrar de ojos, o más bien al contrario, y luego vuelvo en mí, o tal vez debiera decir en nosotros.

Marta Ávila dijo...

No te calles nunca, Benjamín. Yo te necesito para convencerme de que no todo está perdido. Unamuno tenía razón: duele España y, sobre todo, duele la ignorancia. ¿A qué carajo le hacen la recibida a Esperanza cuando frecuenta los mercadillos mientras vendió y sigue vendiendo la Educación y la Sanidad de su país a los mercados? ¿De qué comen Marhuenda y Ussía?

Hoy voy a verte, "Ajuste de cuentas" es de las mejores novelas que he leído. Dejo aquí una cita tuya que se le ocurrió a Juan Urbano para NO olvidar: "Había descubierto que el individualismo es la única tabla de salvación a la que uno se puede agarrar en estas sociedades innobles y acobardadas donde ser honrado es de idiotas y tener dignidad es una forma de autolesionarse" (Pág. 233). Una vez, la propaganda sobre el individualismo triunfó sobre la sensatez de la "conciencia de clase", se olvidó el "nosotros" y todo se fue a la mierda.

GRACIAS POR SER (que existir lo puede hacer cualquiera)Y POR NO CALLAR.

Benjamín Prado dijo...

Para allí me voy, Marta. Un beso.