Hola, Sonia. Me gusta la idea de marcharse para aprender a regresar. La podemos seguir, solo que en dirección contraria, porque es una idea hermosa pero que dice lo contrario a lo que quiere decir el poema, que más que de las ganas de volver, habla de las ganas de olvidar. De hecho, al final habrá un salto de lo general a lo particular y ya sé que ese salto incluirá un verso que diga: "Yo nunca fui más lejos que al dejarte marchar." Así que tu idea nos da la pista de un verso que me encanta y que nos pertenece al cincuenta por ciento, porque me has hecho a encontrar lo que quería decir, diciendo lo contrario: "Se viaja por poder olvidar los caminos." Está claro que tiene que ser el primero de la segunda estrofa y que si está el
camino no puede estar el
destino, para evitar la rima. Ya veis, un poema es como una selva: las palabras más fuertes se comen a las otras.
Se viaja siempre contra tu país,
de ti mismo a un lugar donde ser otro
que ya no te recuerde,
ni quiera regresar.
Se viaja por poder olvidar los caminos...
Moony, también me quedo con la idea de los pasos y de las calles que no los conocen. Es perfecta, y encaja como si hubieras adivinado el verso de Sandra y mío. Y ahora que lo pienso, ¿por qué no meter otro personaje que, para darle la razón a Sandra y llevarnos la contraria al poema y a mí, recoja la idea del que se va para aprender a regresar? Aunque, naturalmente, la voy a sujetar, para que no aleje el poema de su tema.
El que se marcha aprende a olvidar los caminos
que recuerdan sus pasos.
Quien se queda, renuncia a la aventura de irse
y al sueño de volver.
Aunque el oído me dice que a "que recuerdan tus pasos" le vendría bien otro verso de siete sílabas, acabado en agudo, tal vez con la vocal o como jefa, y que dijese que esos caminos te condenaban a repetirte, a la rutina, a la falta de horizontes...; no sé, algo así.
En cuanto a ti, Víctor, de momento no se me ocurre nada con lo del tren estupefaciente, y aunque lo de viajar para conocer no está mal encaminado, creo que de algún modo ya se ha dicho. A ver qué se nos ocurre.
Bueno, de momento lo dejo ahí, que vienen a buscarme para llevarme a un acto en el que tengo que participar esta mañana. También podéis ir pensando lo que va a haber antes del final para que el final tenga sentido. La idea es que a veces el viaje de ser libre sólo se puede hacer si se deja a otro-a la libertad de marcharse... Tengo la sospecha, de todos modos, de que "yo nunc fui más lejos que al dejarte marchar" no va a ser el último verso, sino el antepenúltimo.
Se viaja siempre contra tu país,
de ti mismo a un lugar donde ser otro
que ya no te recuerde,
ni quiera regresar.
El que se marcha aprende a olvidar los caminos
que recuerdan sus pasos.
Quien se queda, renuncia a la aventura de irse
y al sueño de volver.
(...)
Yo nunca fui más lejos que al dejarte marchar.