martes, 4 de junio de 2013

En septiembre publicaré al mismo tiempo una novela y un libro de relatos, ya contaré por qué razón. Ahora que se acerca el verano, sin embargo, dejo aquí este que salió hace tiempo en un periódico y que no estará incluido ahí.




El día de mañana


                      Por Dios santo, si tienen ocho y nueve años, se dijo, mientras los miraba jugar en la playa. Estaban en la orilla y levantaban un muro de arena con sus palas de plástico, convencidos de que con él podrían detener el mar, y esa inocencia le hizo sentirse aún más culpable por lo que había hecho. La escena transcurría en Rota, Cádiz, que es donde tiene su casa de verano, y los dos niños a los que observaba de lejos, sentado en una hamaca y con un libro entre las manos, se llaman Dylan y Guillermo. Ella es hija suya y, como cada año, pasaba con él los últimos días del mes de junio, porque así es como lo ha pactado con su madre: durante el invierno, la tiene los martes, los jueves y fines de semana alternos, y en las vacaciones cinco días de junio, todo agosto y otros cinco de septiembre. Los divorciados son gente muy organizada.
                            En cuanto al chico, se llama Guillermo, vive con su madre en la misma urbanización y Dylan y él son amigos inseparables desde que se conocieron, cuando tenían, respectivamente,  cuatro y  cinco años. Es verdad que sólo se ven en verano, en Semana Santa y en algún que otro puente en el que coincidan las dos familias, pero cuando no están juntos se recuerdan y se echan de menos, y no sólo porque el ser humano sea nostálgico por naturaleza y piense que las cosas que se pierden se vuelven importantes, sino también porque ninguno de los dos conoce en Madrid o en Sevilla, que son los lugares en los que residen, a otro niño con el que se lleve igual de bien. Sus padres suelen ironizar sobre el futuro y fingen hacer planes de boda.
                            Él sabe que todo eso no es más que una broma, pero también que no se trata de una broma vacía, sino de ésas que esconden un por qué no en el fondo. Volvió a mirarlos y trato de adivinar cómo serían dentro de un tiempo, física y moralmente. Ahora los dos son guapos y listos, están llenos de energía  y de imaginación, son dulces, cándidos y egoístas igual que el resto de los niños de este mundo y cuando se enojan cada uno sobrelleva el enfado a su modo: ella se entrega a la melancolía y él al orgullo. ¿Serían también así de mayores? Mientras se lo preguntaba, Dylan lo miró, adoptó una postura provocativa que sin duda imitaba las de alguna cantante que le gustase, le lanzó un beso e hizo una zalamería que a él le encantaba y que consiste en colocar los dedos índice y pulgar de las dos manos de manera que formen un corazón y ponerlos sobre el pecho. Qué maravilla de criatura, pensó, con su cara preciosa, la piel dorada por el sol y la luz colérica del mediodía refinada por el amarillo de su melena rubia.
                            Por lo general, las historias que ocurren en verano se vuelven mentira en cuanto regresas a la ciudad, son tesoros en el sitio en que los encuentras y bisutería en el lugar al que los llevas, similares a esas piedras que los bañistas cogemos en las playas y que parecen minerales misteriosos o joyas primitivas mientras están mojadas por el océano, pero al secarse y perder su brillo se convierten en nada, mueren durante el viaje, dentro de las maletas, y se transforman en simples guijarros. Claro que no siempre es así, y hay aventuras que sobreviven al frío y a los horarios laborables. Se preguntó si la de Dylan y Guillermo sería una de ellas y, puestos a fantasear, se entregó a las conjeturas y, sin poder evitarlo, a los malos presagios: cómo no hacerlo, si su experiencia matrimonial había sido degradante y su divorcio un auténtico calvario. Además, debía de reconocer que es excesivamente protector con su hija, uno de esos padres llenos de miedos, capaces de ver peligros por todos lados y, si le obligan a ser sincero y a confesar lo que siente, temeroso de que llegue la adolescencia y se la quiten, la hagan sufrir, la arrastren a una vida dura o, como mínimo, vulgar. En alguna ocasión en que Guillermo y Dylan estaban disgustados, se reía por fuera y les decía que como se habían dado la vuelta para saltar de la devoción a la animadversión, él les pensaba llamar del revés, Landy y Mollergui, hasta que se reconciliasen. Pero por dentro, la tristeza insustancial de su hija lo atormentaba de un modo desproporcionado y lo llenaba de malos presentimientos, mientras que el desdén con que el muchacho la trataba durante un par de días, para hacerse el fuerte, le parecía un aviso de cara al día de mañana. En esas ocasiones se avergonzaba al sorprenderse espiándolo, para buscar en su rencor aún inofensivo cualquier desaire, mal modo o gesto cruel que pudiera interpretarse como un eco del porvenir, una voz de alarma.
                            Pero, como ya he dicho, lo que había hecho la tarde anterior no le hacía sentirse  avergonzado, sino culpable. Desde luego, había sido una tontería sin mayor importancia, pero lo cierto es que cuando volvió a ver a la madre del niño tuvo ganas de pedirle disculpas y notó que se ruborizaba. Lo que había pasado la tarde antes fue que al regresar de la playa, Dylan había insistido en ir a merendar a casa de Guillermo y que, media hora más tarde, la mujer había telefoneado para decirle que los niños querían ducharse juntos y para preguntarle si no le importaba. Ya tendrán tiempo de no poderlo hacer, añadió, queriendo quitarle hierro al asunto. Pero él dijo que no, puso una disculpa y mandó a su hija ir a bañarse a casa. Al colgar, se sentía sucio y mezquino.
                            Sentados a la orilla del mar, los niños moldeaban la arena como si conocieran un modo de gobernar el tiempo. Su muralla había crecido y se había hecho más compleja, adornada por torres y cúpulas y consolidada a base de palos que hacían de contrafuertes. Llegó una ola, y la barrera resistió el asalto. Llego otra y siguió en pie. Dylan y Guillermo se abrazaron y dieron saltos de júbilo alrededor de su obra. Vistos allí y en ese momento, eran la pura imagen de la felicidad. Intentó, de nuevo, vislumbrarlos veinte años más tarde. ¿Estarían juntos? ¿Conservarían esa alegría circular, sin ángulos sombríos? Bueno, y por qué no, se dijo, si tiene que ser, mejor con Guillermo que con cualquier otro. Después cerró el libro que tenía entre las manos y sonrió a su hija, que corría hacia él agitando los brazos y contándole a gritos su hazaña. Veinte años más tarde…. Quizá para entonces él ya no estaría aquí. 

5 comentarios:

Lucia Angélica Folino dijo...

El relato está muy bien. Combina el oficio, la ternura.


Los aforismos no me gustan. Lo siento.

Tus poemas son lo mejor de tu obra.

Iba escribir: benjaminprado.blogspot.etc (el blog de Meadow que cada tanto veo) y no sé por qué escribí al revés el nombre de tu blog abandonado.

La vida es rara.

Hace unos años (poco después de que firmases Vinagre y Rosas, a medias con Joaquín), al día siguiente de mi "explosión" ante el periodismo cómplice de silencio por mi situación procesal de muerte civil en la Rural de Buenos Aires, te tocaba ir a la Feria del Libro donde ocurrieron los incidentes.

Ibas a dar una conferencia sobre poesía con la inexpresiva y desagradable Diana Belessi, una de las peores poetas oficiales que he leído, y que de no ser por su amistad con Juan Gelman, y su militancia montonera de derechas lésbicas -que la hizo ser amiga de María Elena Walsh, Teresa Parodi y Susana Rinaldi- (algún día te contaré como intentaba seducir jovencitas de 20 años a los 60 en sus clases de Letrística para cancioneros populares en SADAIC).

Iba a ir, para darte un par de cachetadas, por la injusta situación a la que fui expuesta con ese "corralito" entre dos amigovios en Praga.

Al día siguiente, el gobierno de CFK, que pretende ir por otra "década ganada" (perdida por los argentinos, ganada por el Zionismo de la masonería británica y sus aliados), en represalia a los 60 segundos en que me tomó una cámara de C5N en vivo, sin decir mi nombre, en los que aparezco explicando una situación de espionaje y X Files, que mucho después quedó comprobada, mandó tirar abajo un helicóptero de la empresa periodística, bajo la consigna "que parezca un accidente", que es más patético que el título de un grupo de rock español).

Lucia Angélica Folino dijo...

(2)


No me atreví a presentarme, no porque no te merecieras el escarmiento, sino porque no quise que los que se jugaban la vida con las imágenes tuvieran otro altercado desagradable. Lamento decir que a raíz de la nota en la que me hice pasar por Sabina (el periodista Daniel Viglieri de El Observador me había asegurado que era amigo tuyo y pensé que como broma y como exorcismo era un bonito gesto), el mismo gobierno, previo a las elecciones de Octubre del 2011, mandó quemar las antenas de 200 mts de las dos radios en las que uno de los Korol mencionó mi nombre y apellido, para preguntar como consigna de un magazine: ¿Por quién te harías pasar si pudieras hacer lo que hizo Lucía Folino?

Un mes después de asumir nuevamente la Presidencia, Daniel Hadad, dueño del multimedio, fue obligado a venderlo, bajo presión de armas de fuego ("a punta de pistola", según informaban los diarios).

Hoy estamos en peligro de re re re-elección.
El gobierno de la supuesta oposición de Sergio Massa y Mauricio Macri y sus jefes norteamericanos, pagó -según me dicen fuentes confiables de las bases partidarias distritales- más de un millón de euros para que YO NO FIGURARA EN LAS LISTAS DE CANDIDATOS A DIPUTADO NACIONAL POR LA PROVINCIA DE BUENOS AIRES.
En ninguna de las cuatro listas, sobre un total de 35 titulares y 10 suplentes, por cada una, en ningún lugar. Un veto estricto e innecesario.

Como Dios ve todo, el Frente Acuerdo Compromiso Federal que tiene su centro de operaciones a pocas cuadras de distancia de la SONY BMG, no pasó las internas, y pierde la oportunidad de colocar diputados, que no querían la re-elección de la Kirchner, pero tampoco me quieren a mí.

Lucia Angélica Folino dijo...

(3)

Lo que ocurrió en Diciembre del año pasado en el Hotel Four Seasons durante la Conferencia de Prensa de Más de Cien Mentiras y la reacción de Joaquín Sabina y José María Cámara, ante mi expresa y educada demanda de ser "blanqueada" de la Etiqueta Negra, a fin de que "no se perpetuara la dictadura" y que dejaran de "mandarme a Faena" los toreros, fue la causa del rechazo, que después supe, por casualidad, porque se oye como fondo del contestador automático de uno de los presidentes del partido que primero me afilió en Octubre y me exigió una URGENTE reunión de presentación en FEBRERO.

Puedes probar llamando al móvil del Dr. Leggere, marido de una de las mellizas Serantes -que fueron conocidas por ser las Nu y Eve del canal de Alejandro Romay (en realidad no es su apellido porque es judío pero ignoro el real)

Te lo paso si es que no cambió la entrada de los mensajes antes de que hagas la prueba del llamado:

1544793192

(Presta atención al final de la grabación, cuando dice "Lucía bajó el año pasado")


Te cuento todo esto porque las vueltas que da el azar, nadie las conoce.


Te cuento todo esto porque las vueltas que da el azar, nadie las conoce.

Lucia Angélica Folino dijo...

"Iba a escribir", quise decir y me tragué la "a".

Lucia Angélica Folino dijo...

Yo voy con el corazón.
Los poetas de Rota deberían hacer lo mismo.


Lu