sábado, 29 de junio de 2013

(Mi artículo de hoy en El Mundo sobre la final de la Copa Confederaciones)



Con valentía pero sin miedo


   No existen los equipos invencibles pero ninguno está más cerca de serlo que aquel que logra ganar a sus rivales incluso cuando juega peor que ellos. Y eso es, exactamente, lo que hizo España en su semifinal del otro día contra Italia. Así que ahora ya sólo nos queda lograr el otro cincuenta por ciento  de la hazaña, que es vencer a los jugadores de Brasil y, sobre todo, a su uniforme: en el mundo del fútbol, ningún color pesa tanto ni es tan difícil de borrar como el amarillo bossa nova de esa  camiseta. 
   Un Celtic de Glasgow-Roma o unPSV Eindhoven-Borussia Mönchengladbach, por decir algo, son un partido de fútbol; un España-Brasil se llama igual pero es otra cosa, por la misma razón que Maracaná, el Santiago Bernabéu o  Wembley no son nada más que campos de fútbol. Cuando uno va a comer al restaurante de la Torre Eiffel, no está dentro de un edificio sino en el interior de una obra de arte; cuando uno sale a jugar a Maracaná, no está en un estadio, sino en un museo. O sea, que con todos esos ingredientes en la mesa de la cocina, quien se pierda el partido de esta noche sólo puede hacerlo porque tenga algún plan mucho peor. 
   Si la Copa Confederaciones era casi un torneo de verano al que se ha querido convertir en medio Mundial, hay que reconocer que en esta ocasión el invento no le ha podido salir mejor a la FIFA, porque una final entre el mejor equipo de los últimos tiempos y el mejor equipo de la historia, no tiene precio. Desde este artículo hasta las doce de la noche, hay espacio para muchas  preguntas. ¿Qué va a ocurrir? ¿Cuánto se nos va a notar en las piernas la prórroga del viernes contra Italia? ¿Qué influencia pueden tener en el desarrollo del encuentro el público y el árbitro? ¿Cuánto se parece Neymar al nuevo Pelé que nos han vendido una vez más? Creo que España,  en principio, tiene hoy en día dos ventajas esenciales sobre Brasil: los nuestros son mejores futbolistas y son más rencorosos, porque casi todos compiten  contra sus fantasmas además de contra sus adversarios.  Casillas juega contra Mourinho; Torres mete goles contra Villa; Pedro corre contra el propio Neymar, que le ha quitado el puesto en el Barcelona sin bajarse del autobús; y por añadidura, todos lo hacen a las órdenes de Vicente del Bosque, un preparador que, por pura justicia poética, entrena contra el Real Madrid. Son muy buenos y tienen muchas ganas de demostrarlo, juegan para cerrar bocas y lo hacen con tanto arte que nos dejan boquiabiertos. 
   Cuando el gran Del Bosque dijo ayer que España jugará hoy “con valentía y sin miedo”, no estaba cometiendo ninguna redundancia: ser valiente sirve para no verte a ti mismo más pequeño  de lo que eres; no temer a tu enemigo, sirve para no verlo más grande de lo que es. Y, sinceramente, yo creo que a éste Brasil no le tenemos que jugar de usted. Eso sí, están en su casa, saben a quién tienen enfrente y del minuto uno al noventa les van a dar vueltas en la cabeza dos versos de Neruda que quizás no hayan leído: “Ya no es posible, a veces, / ganar sino cayendo.” Ellos van a tener que saltar mucho si quieren pasarnos por encima. Nosotros sólo tenemos que estar a nuestro nivel. Ésa es la diferencia. Ésa y que el mejor futbolista brasileño de la actualidad es Iniesta y va con nosotros.

2 comentarios:

Nacho Sas dijo...

Pues tú haces con las palabras lo mismo que Iniesta con el balón. Jugón, que eres un jugón.

Benjamín Prado dijo...

Ja, ja, ¡gracias, Nacho! Es el mejor piropo que me han hecho en mi vida.